La piel y El pelo
Las enfermedades cutáneas representan un problema común en los perros, y el estado de la piel podría darle mucha información sobre la salud general de su mascota. La piel de los perros es más delgada y propensa a las heridas que la de los humanos. Se daña con facilidad al manejarla con rudeza con un cepillo no adecuado, y una vez que la superficie de la piel se rompe y altera por trauma o algún otro trastorno, la afección tiende a extenderse con bastante rapidez y a convertirse en un problema importante.
Fuente de información: manual práctico de veterinaria canina.James M. Giffin;
Liisa D.Carlson
La sarna
canina una enfermedad de la piel y pelos de los perros producida por un ácaro (parasito microscópico) llamado Sarcoptes
Scabiei variedad canis; que excava galerías en la piel provocando mucha
picazón, caída del pelo y muchas lesiones secundarias de la piel.
Puede
afectar a cualquier perro, no importa la raza, la edad ni el sexo; aunque se
sabe que la sarna en perros es mas frecuente en perros vagabundos, mal alimentados,
desnutridos, con malas condiciones higiénicas-sanitarias y quizá en mayor proporción en perros cachorros y jóvenes.
Pasemos a
identificar a los diferentes tipos de sarna:
-
Sarna sarcóptica
- Sarna demodécica
- Sarna otodéctica (de las orejas)
La sarna
sarcóptica (producida por el ácaro Sarcoptes) se da por contagio directo entre perros, o
por sus materiales de cama, juguetes, etc. Se identifica por dejar lesiones en
zonas deficientes en higiene, como ser la panza, bordes de las orejas, los
tarsos (los "pies"), codos y torax. Estos ácaros cavan túneles bajo la piel, provocando
con ello la picazón. Lo que vemos son zonas
inflamadas, enrojecidas, sin pelo, con piel descamada y costras debido al
rascado, además de un olor fuerte como a
perro sucio. En casos crónicos se infecta con
bacterias. Puede contagiarse a humanos.
La sarna
demodécica no se transmite por
contagio ya que es un habitante normal en la piel de perros sanos (está en los folículos pilosos), y se hace
evidente cuando por alguna razón disminuyen sus defensas,
como ser por estrés, enfermedades o la edad de
destete en cachorros. Puede ser local afectando principalmente la cara, o
generalizada afectando a todo el cuerpo (esta forma depende del estado
inmunitario). Pueden agregarse bacterias a las lesiones haciendo una piel con
supuración, olor e inflamación. Los demodex no quedan en materiales de cama, etc, ya que
no sobreviven fuera del animal. No se contagia a humanos.
El tercer
tipo de ácaro corresponde al género Otodectes, produciendo la sarna otodéctica que ataca las orejas tanto en perros como en gatos.
Tiene un papel importante en la producción de otitis en nuestras
mascotas. Se identifica por producir gran picazón,
piel descamada, infecciones por bacterias que aprovechan la baja de defensas
local y que son las responsables del dolor en la otitis. También hay enrojecimiento, hinchazón
y mucho cerumen, que en ocasiones se ve como material "apolillado".
Pueden verse a simple vista como puntitos blancos que se mueven.

La Sarna
canina es muy contagiosa entre los perros y puede contagiar al ser humano. Aquí vale hacer una aclaración:
el ácaro de la sarna en perros no
es el causante de la sarna humana, ésta es otra enfermedad ;pero
si estas conviviendo con un perro con sarna y el contacto con él es bastante estrecho; es muy posible que el “bichito de la sarna ” (recuerda que no se ve porque
es microscópico) ingrese a tu piel
,intente cavar galerías como lo hace en el perro
aunque afortunadamente no lo podrá realizar debido a diferencias
en la estructura de nuestra piel que le impiden llevar a cabo su cometido.
Diagnóstico de sarna:
Si usted
sospecha que su mascota puede tener sarna, entonces un examen veterinario es
necesario. Los ácaros son demasiado pequeños para ser vistos a simple vista, el raspar o la biopsia
de piel se hace a menudo antes de que una diagnosis exacta pueda ser hecha.
La causa
para un sistema inmune debilitado se puede también
explorar, especialmente en animales domésticos más viejos. Su veterinario puede probar para enfermedades
tales como enfermedad de Cushing, hipotiroidismo, cáncer, y enfermedad de filaria en perros, o el virus felino
de la leucemia (FeLV), y el virus felino de la inmunodeficiencia (FIV) en
gatos.
Ayuda
para la sarna:
En muchos
casos, la causa subyacente de la supresión inmune o la deficiencia se
debe tratar conjuntamente con el tratamiento para la sarna. Los tratamientos
convencionales de la sarna toman generalmente la forma de lociones, inmersiones
y de champús basados en químicos.
Muchos de
estos tratamientos contienen productos químicos tales como peróxido de benzoílo, amitraz e ivermectin, sin
embargo, debe ser observado que estos productos químicos pueden ser muy ásperos y causar un número de efectos secundarios indeseados. En caso de que la
sarna sea severa o generalizada sobre áreas extensas del cuerpo, los
antibióticos se prescriben a menudo
para guardar contra la infección. Los antibióticos no deben ser utilizados a menos que sea necesario,
pues tienden a debilitar el sistema inmune.
Los Flebótomos transmiten la leishmaniosis una enfermedad grave e incluso mortal para los perros
La
Leishmaniasis Canina es una grave enfermedad parasitaria producida por
protozoos parasitarios del género Leishmania, en especial
del Leshmania infantum, que se transmite a los perros a través de picaduras de mosquitos. Estos insectos se convierten
en portadores de la enfermedad al picar previamente a otros perros enfermos de
leishmaniasis. Su sencilla propagación y el hecho de que la
leishmaniasis canina puede ser mortal, hace que la prevención sea el arma más efectiva para proteger a
nuestra mascota.
Los
insectos que transmiten esta enfermedad pertenecen a los géneros Phlebotomus (en regiones mediterráneas y tropicales) o Lutzomia (regiones tropicales y
subtropicales), afectando en mayor medida en aquellos países o regiones con este tipo de climas, siendo en otras
zonas más frías una enfermedad más focalizada.
En España, las regiones más afectadas por la
leishmaniasis en perros son aquellas pertenecientes a la cuenca mediterránea y su época de más expansión se produce en los meses
comprendidos entre el final de la primavera y el final del otoño, aunque nn los últimos años, los mosquitos aparecen cada vez más temprano en la temporada (principios de marzo). Los
insectos culpables de esta enfermedad en estas regiones son el Phlebotomus
ariasi, Phlebotomus perniciosus, Phlebotomus langeroni, Phlebotomus longicuspis
y Phlebotomus longipalpis (que se mantiene activo todo el año), todos ellos caracterizados por una actividad nocturna y
crepuscular, siendo particularmente activa al atardecer, al amanecer y durante
la nocha.
En Sudamérica, la enfermedad de la Leishmaniasis tiene una mayor
importancia y los casos de perros infectados se eleva en gran medida con
respecto a España.
TRANSMISIÓN Y CONTAGIO DE LA LEISHMANIASIS EN PERROS
Como ya
hemos indicado la leishmaniasis se transmite a través de las picaduras de mosquitos y afecta a todas las razas
de perros. Los parásitos se multiplican en las células blancas de la sangre del perro, que son las
encargadas de la defensa del organismo a agentes infecciosos, dejándolo desprotegido. El período
de incubación de la enfermedad, es decir,
el tiempo entre la infección y la aparición de los síntomas, puede ser de varios
meses.
Recientemente,
debido al aumento de casos de la enfermedad, se ha lanzado una hipótesis de que la leishmaniasis se podría contagiar de perro a perro, aunque no hay indicios de que
se transmita ni por contacto directo, ni por secreciones, ni heridas, ni orina,
ni heces…
SÍNTOMAS DE LA LEISHMANIASIS EN PERROS
Algunos
perros pueden ser asintómaticos durante períodos de tiempo variables según
su sistema inmunitario, pudiendo variar semanas o incluso meses.
Los
perros afectados, cuando comienzan a dar muestras de los síntomas de su enfermedad, pueden presentar:
Adelgazamiento.
Fiebre.
Crecimiento
anormal de las uñas.
Anemia.
Artritis.
Insuficiencia
renal.
Apatía, debilidad.
Atrofia
muscular progresiva.
Úlceras cutáneas.
Heridas
que no cicatrizan.
Piel
seca.
Caspa.
Pérdida de pelo.
Falta de
pelo alrededor de los ojos.
Hemorragias
nasales.
Inflamación de ganglios linfáticos, hígado y bazo.
Cojeras.
Lesiones
oculares.
DIAGNÓSTICO Y TRATAMIENTO DE LA LEISHMANIASIS EN PERROS
El diagnóstico se realiza mediante pruebas serológicas, análisis de sangre, biopsia de
piel, o citología de la médula ósea.
La
leishmaniasis canina tiene tratamiento, y éste será más eficaz cuanto más precozmente se diagnostique. Cuanto antes se detecto y se
acuda al veterinario menos avanzará la enfermedad y las secuelas
que sufra nuestro perro no serán tan grandes. Una tardía detección podría llegar a atacar a órganos vitales del perro
teniendo que llegar a recurrir a diálisis, transplantes... o
causar incluso su muerte.
Hay que
tener en cuenta que la leishmaniasis canina es una infección que a día de hoy no tiene cura, pero
los medicamentos disponibles actualmente en el mercado pueden alargar y mejorar
la calidad de vida de nuestro perro, llegando incluso a no percibir su
enfermedad. Eso sí, es muy importante no olvidar
nunca que la leishmaniasis en perros es una enfermedad crónica y por lo tanto estar alerta de posibles recaídas.
Los
tratamientos constan de antimoniales pentavalentes: metilglucamina y
estibogluconato sódico, cesiastes otros tales
como la anfotericina B, la pentamidina y el ketoconazol.
Puden
durar varias semanas y los fármacos utilizados se aplican
mediante inyección o vía oral. Se trata de medicamentos caros que mejorarán la calidad de vida de nuestro perro pero no lo curarán.
PREVENCIÓN DE LA LEISHMANIASIS EN PERROS
Con todos
los datos expuestos en este artículo queda claro que la
prevención es, sin duda, el método más efectivo para evitar la
leishmaniasis canina.
La lógica ya nos indica cuál es la primera forma para
prevenir la leishmaniasis en nuestro perro: evitar el riesgo de sufrir
picaduras de insectos. Para ello existen en el mercado sprays repelentes,
pipetas y collares que ayudan las posibilidades (aunque no las eliminan) de
recibir un picotazo indeseable. Si tu perro duerme fuera, se aconseja la
utilización de mosquiteros durante la
noche. Igualmente, en las zonas y fechas en donde el riesgo es mayor, se puede
intentar sustituir los paseos nocturnos, los de primeras horas de la mañana o últimas de la tarde por paseos
diurnos.
Recientemente,
en el año 2011 y tras más de 20 años de investigación, se ha iniciado la comercialización de una vacuna que estimula el sistema inmunológico de los perros reforzando su resistencia a las
enfermedades.
Cabe
remarcar que la vacuna de la leishmaniasis en perros se utiliza únicamente como prevención
de la enfermedad, es decir, sólo se administrará en el caso de que nuestro perro haya dado negativo en unas
pruebas serológias previas, ya que no se
lograría beneficio alguno.
LA VACUNA
CONTRA LA LEISHMANIASIS EN PERROS
Tras más de 20 años de investigación se lanzó al mercado, en el año 2011, la vacuna contra la leishmaniasis en perros. Su
administración ha de ser realizada en
perros sanos tras haber sido confirmado en un estudio serológico previo, y sus efectos serán la estimulación del sistema inmunológico de nuestro compañero, que verá reforzada su resistencia a las enfermedades.
También hay que tener en cuenta que la vacuna contra la
leishmaniasis no elimina al 100% las posibilidades de contraer la enfermedad,
por lo que sigue siendo aconsejable el uso de repelentes, especialmente en las
zonas y las épocas más proclives al desarrollo de la enfermedad.
Las
posibilidades de sufrir reacciones secundarias negativas a la vacuna son
escasas y sus síntomas de escasa gravedad.
Entre los efectos secundarios descritos se encuentra la posibilidad de que nuestro
perro desarrolle, en la zona en la que la ha recibido, inflamaciones,
enrojecimientos, endurecimientos o dolores, todos ellos de carácter temporal, y poco preocupantes, que deberían desaparecer a los pocos días.
Asimismo,
nuestro perro podría dar muestras de apatía, sufrir algún trastorno alimenticio o algo
de fiebre, que serán más frecuentes tras la administración de la vacuna. También existe alguna posibilidad de
desarrollar alguna alergia.
Debido a
la existencia de estos efectos secundarios, existen opiniones dispares entre
los defensores y los detractores de la administración de la vacuna de la leishmaniasis a nuestros perros,
aunque la reducción de las probabilidades de la
contracción de la enfermedad es un
hecho. En nuestro foro puedes encontrar muchas opiniones de usuarios sobre la
vacuna de la leishmaniasis.
Signos
clínicos de la leishmaniosis canina
martes 31 de agosto de 2010, 09:28h
La característica más importante de la leishmaniosis canina es su
extraordinario polimorfismo clínico. Por eso, una buena evaluación de la
reseña, de la anamnesis y de la exploración física es muy importante para
confirmar la relación directa entre la infección por Leishmania y la
clínica que muestra el animal.
Lluís Ferrer, med vet, PhD, Dipl ECVD (1). Xavier Roura, med vet, PhD,
Dipl ECVIM-CA. (2)
(1) Miembro del grupo LeishVet. Facultad de Veterinaria, Universitat
Autònoma de Barcelona.
(2) Miembro del Grupo de Estudio de la Leishmaniosis Canina (GSLC). Hospital
Clínic Veterinari, Universitat Autònoma de Barcelona.
La leishmaniosis canina muestra un extraordinario polimorfismo
clínico.
La característica más importante de la leishmaniosis canina es su
extraordinario polimorfismo clínico. La leishmaniosis canina es una enfermedad
sistémica o visceral y esto significa que puede afectar a numerosos sistemas u
órganos y que, en la práctica, hay que incluirla en la mayoría de los diagnósticos
diferenciales [1-3].
Debido a que los signos clínicos de la leishmaniosis canina no son
patognomónicos, una buena evaluación de la reseña, de la anamnesis y de la
exploración física es muy importante para confirmar la relación directa entre
la infección por Leishmania y la clínica que muestra el perro.
Por ejemplo, no hay que olvidar que la leishmaniosis puede afectar a
perros de cualquier raza, si bien algunas como el pastor alemán o el bóxer
parecen ser más susceptibles [4-6]. También parece que hay una mayor
predisposición de los machos a desarrollar la enfermedad [6-8], como ya está
descrito en la especie humana [9] o en el hámster [10].
Además, la leishmaniosis canina tiene una distribución bimodal, con un
pico de perros afectados con edad inferior a los 3 años y un segundo pico entre
los 8 y 10 años de edad [6]. Es también muy importante saber si el perro vive o
ha estado en áreas endémicas de leishmaniosis canina, si ha podido estar
expuesto a los vectores transmisores de la misma (flebótomos) o si ha recibido
tratamientos que puedan alterar el funcionamiento de su sistema inmunitario. La
anamnesis se completa con la descripción de los signos clínicos que ha
detectado el propietario en su perro y que pueden ser compatibles con la
leishmaniosis canina [11].
¿Qué signos clínicos podemos encontrarnos?
Los signos clínicos (tabla 1) que se presentan en la leishmaniosis son
producidos por dos principales mecanismos patogénicos, que vimos en el capítulo
anterior:
Por un lado, una inflamación granulomatosa no
supurativa en los lugares donde se multiplica el parásito
|
Y, por otro, el depósito de inmunocomplejos en
distintas localizaciones anatómicas [12].
|
Debido al primer mecanismo se han descrito manifestaciones clínicas en
piel, hígado, intestino, ojos, riñón, hueso y mucosas [13-18]. Debido al
segundo mecanismo aparecen lesiones mayoritariamente renales, oculares y
vasculares [1,17-24].
No se conocen aún con certeza los mecanismos patogénicos de la
presentación de la anemia [25] y de los trastornos de la hemostasis
[20,21,27,28] en la leishmaniosis. La mayoría de autores piensan que las
principales causas de estas alteraciones son la presencia de los procesos
inmunomediados junto con el hecho de que la leishmaniosis sea una enfermedad
crónica. Se han descrito en algunos casos depósitos de amiloide en diferentes
órganos, aunque su importancia clínica parece poco relevante [29-31].
Tabla 1. Signos clínicos de la leishmaniosis
canina.
|
Generales

|
Estado nutritivo deficiente hasta la caquexia,
atrofia muscular, letargia, mucosas pálidas, epistaxis, linfoadenomegalia,
hepato-esplenomegalia, cojera o inflamación articular, fiebre.
|
Cutáneos o mucocutáneos

|
Dermatosis exfoliativa (localizada o general),
dermatitis ulcerativa (uniones mucocutáneas, cojinetes o callos de apoyo),
dermatitis paular, dermatitis nodular, lesión en la trufa (similar a
pénfigo-lupus), onicopatías, híperqueratosis naso-digital.
|
Oculares

|
Lesiones palpebrales, lesiones conjuntivales
difusas o nodulares, lesiones corneales (queratitis nodular,
queratoconjuntivitis o queratitis seca), lesiones de la esclera
(epiescleritis o escleritis difusa o nodular), uveítis anterior difusa o
granulomatosa, uveítis posterior (corioretinitis, hemorragia o
desprendimiento de retina), glaucoma, panoftalmia, lesiones de la órbita
(granulomas o miositis).
|
Otros
|
Gastrointestinales o neurológicos.
|
Los signos clínicos más frecuentes son los cutáneos, que se presentan,
aproximadamente en el 80% de los perros enfermos. La linfoadenopatía, presente
en un 70-80% de los pacientes, y los síntomas generales (fiebre, apatía,
adelgazamiento y atrofia muscular) presentes en un 40-60%, son también muy
frecuentes.
Luego se abre un amplio abanico que incluye signos clínicos renales
y/u oculares, esplenomegalia, hepatomegalia, dolor, cojeras, diarrea,
epistaxis, onicogrifosis, onicorrexis, fiebre, ictericia, síncopes o tos; que
aparecen de forma variable con tantos por cientos de aparición que oscilan
entre el 1% y el 20 % según los diferentes autores [1-3,12].
Los signos clínicos cutáneos más comunes son la presencia de una capa
de pelo fino, sin brillo; la alopecia con exfoliación (descamación); la
dermatitis ulcerativa; la dermatitis nodular; la dermatitis pústular; o los
nódulos y ulceraciones en membranas mucosas [1,12,15,34,35].
También es amplio el número de signos oculares, destacando la
blefaritis, conjuntivitis, queratitis seca, uveitis y celulitis orbitaria;
lesiones que pueden conducir a un glaucoma o a la panoftalmia y por tanto
incluso a la ceguera [17,18]. La glomerulonefritis es la alteración renal más
frecuente.
En los perros se manifiesta con proteinuria que puede evolucionar a un
síndrome nefrótico y en algunas ocasiones finalizar en una insuficiencia renal
[ 20,30,31,37,38,39,42,44]. Los signos clínicos digestivos clásicos son la
diarrea con o sin melena y los vómitos; ambos relacionados con colitis,
duodenitis o secundaria a los problemas renales [13].
La hepatitis crónica se observa de forma ocasional [20]. La epistaxis,
presente aproximadamente en un 10% de los casos, es uno de los signos clínicos
más difíciles de explicar, ya que en su patogenia se barajan la vasculitis, la
trombocitopenia, las coagulopatías, la hiperviscosidad y la inflamación
ulcerativa de la mucosa nasal [21,22,26,27].
Apoyo en los resultados obtenidos en el
laboratorio
Las pruebas de laboratorio de base son el hemograma completo, la
bioquímica sérica, el proteinograma y el examen de la orina. En la
leishmaniosis canina, estas pruebas pueden permitir detectar una o más
alteraciones asociadas a la enfermedad, las cuales se describen en la tabla 2
[1-3]. Si se encuentran hallazgos relevantes en estas pruebas de base, puede
ser interesante realizar otras pruebas más específicas [41-46].
Tabla 2. Alteraciones de laboratorio asociadas
a la leishmaniosis canina.
|
Hemograma
|
Anemia poco o no regenerativa, anemia
regenerativa (posiblemente inmunomediada), leucocitosis neutrofilica y
monocítica con linfopenia y eosinopenia (leucograma de estrés), leucopenia,
trombocitopenia.
|
Coagulación
|
Hiperfibrinogenemia, alargamiento del PT y
aPTT.
|
Bioquímica
|
Híperproteinemia, hipoalbuminemia,
híperglobulinemia, alteración ratio albúmina/globulina, azotemia, aumento de
los enzimas hepáticos.
|
Proteinograma
|
Hipoalbuminemia, aumento de las globulinas alfa
2 y gammapatia poli/monoclonal.
|
Orina
|
Orina isostenúrica (1008-1012) o poco
concentrada (<1030), proteinuria (en tira de orina o en ratio
proteína/creatinina de orina).
|
Sin embargo, en la mayoría de los casos aunque son de ayuda, los
análisis clínicos muestran alteraciones que no son patognomónicas de la
leishmaniosis canina. La hipergammaglobulinemia, presente en un 80% de los
casos, la anemia en un 60% y la hipoalbuminemia en un 40% son las alteraciones
analíticas más frecuentes.
La anemia es de tipo no regenerativo y es debida a que la
leishmaniosis es una enfermedad crónica; aunque los hallazgos de títulos
positivos de ANA y Coombs sugieren también la búsqueda de otras posibles
explicaciones. En el hemograma también destaca la trombocitopenia (60%) y,
dependiendo de los casos, leucocitosis o leucopenia. La hipergammglobulinemia
es normalmente policlonal [43], aunque se han detectado casos en los cuales
puede ser monoclonal [36].
La hipoalbuminemia es compensatoria a la hipergammaglobulinemia y
también consecuencia de la glomerulonefritis [44]. Otras alteraciones son
incrementos de la ALT, gamma GT, urea o creatinina y la presencia de
proteinuria o de hematuria [20,37,41,42,44].
Decisión del diagnóstico
Con toda la información el clínico veterinario debe decidir si incluir
la leishmaniosis en la lista de diagnósticos diferenciales o no.
En cualquier caso, si los signos clínicos permiten incluir la
leishmaniosis canina en el diagnóstico diferencial, es recomendable proseguir
la investigación de laboratorio para confirmar o excluir su presencia.
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